No son solo detalles

Ahora que llevo unos días de vuelta en España, poco a poco, me he ido dando cuenta de esos pequeños detalles que sin saberlo, son tan importantes. A continuación, para no olvidarme en un futuro de la importancia que tienen, escribo una lista de algunos:

  • Abrir la nevera, que esté llena de cosas que te apetecen y cerrarla sin coger nada!
  • Tener persianas en la ventana de la habitación.
  • Usar el móvil como teléfono, ¡no solo como reloj!
  • Conectarse a Internet e imprimir sin tener que poner usuario y contraseña.
  • Ir al salón de TV y saber de antemano que no está ocupado (lo mismo con la cocina).
  • Ir a cualquier bar y no salir apestando a tabaco.
  • Comer cerdo sin tener que racionarlo, ¡aquí no es un bien limitado!
  • Oír tu idioma hablado por alguien que camina detrás tuyo y no sorprenderse.
  • Hacer un viaje de más de 20 km en coche y no oír ni un solo bocinazo.

Y a pesar de todo, desde el día en que llegas echas de menos “tu otra casa” y todo lo que ello significa: mirar el reloj a las 19.30 y saber que han cerrado el Dia, mirarlo a las 3.00 y pensar que se ha ido el último Shuttle, sentarse en el puff mientras se organiza qué se hará o se comentan las últimas noticias o se ven los últimos videos en Youtube, tumbarse en el césped con el postre de la comida, irte a tomar un chocolate caliente y pasarte una hora sin hacer nada, tomar té (mucho té), tener todo lo que necesitas a menos de 5 minutos caminando…

El investigador

Después de un duro día de trabajo, Sherlock llega a casa y aún tiene por delante una importante investigación, aunque eso él aún no lo sabe.

Es un hombre de costumbres así que nada más llegar empieza su rutina diaria: justo después de abrir la puerta deja las llaves, el móvil y la cartera encima de la mesa, al lado del teléfono. El ordenador está en la misma mesa así que abre la pantalla y lo enciende. A Sherlock no le gusta perder el tiempo en tonterias por eso aprovecha siempre los 30 segundos que tarda en iniciarse el ordenador para sacarse la chaqueta y colgarla.

El ordenador está listo para empezar a procesar y Sherlock se ha puesto cómodo en la silla, sin chaqueta y descalzo hay pocas cosas que puedan molestarle ya.

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Facebook, Facebook, Facebook, Forocoches…

Sin darse cuenta, la mitad del día se la ha llevado internet por delante, pero no pasa nada porque aunque tiene que acabar un proyecto antes de Junio sabe (¡o al menos eso piensa!) que será capaz de acabarlo a tiempo. Han pasado ya 90 minutos desde que Sherlock comió por última vez y el pote de Nutella a su lado empieza a llamarle la atención cada vez más.

Está inquieto y no sabe el motivo, pero entonces una luz se enciende en su cabeza y recuerda que esta noche ha tenido un invitado en casa. La última vez que tuvo un invitado parte de la Nutella y algunas galletas desaparecieron, por eso hoy las galletas las había retirado de su sitio habitual. Sin embargo algo en su mente de investigador le dice que alguna cosa no cuadra.

Efectivamente, tras un profundo análisis de la estancia, Sherlock adivina lo que ha pasado y esta vez solo necesita dos evidencias para tener la certeza absoluta:

  • Ayer Sherlock compró cuatro plátanos de los que se comió uno. Los tres restantes deberían estar en su sitio (encima de la nevera) pero ahí hay solo dos. ¿Dónde está el que falta?

Si alguien lo ha comido, teniendo en cuenta que la piel de los plátanos no suele ser muy buena, seguramente lo habrá pelado y, en ese caso, habrá tirado la piel a alguna papelera. Sherlock tiene tres papeleras en la habitación pero cuando come siempre usa la misma: la que está debajo de su mesa de trabajo. El análisis que ha realizado en la estancia le permite encontrar la segunda evidencia:

  • Hay una piel de plátano en una de las papeleras que Sherlock no usa nunca, la de su compañero de habitación.

La conclusión es obvia: el invitado de Sherlock, preocupado por la salud de su anfitrión (lee esto si no sabes por qué), decidió en un acto heroico comerse uno de esos peligrosos plátanos pelándolo y tirando la piel en la primera papelera que encontró.

El lado bueno

Así, dicho de golpe:

El lado bueno de guardarse cosas para uno mismo, de no decirlo todo, es que luego puedes dar grandes sorpresas.

Pero hay que ir con cuidado… ¡que la sorpresa no se convierta en un disgusto!

Ocupado o acceso denegado

En mi estresante vida en el campus hay dos sitios a los que puedo ir si necesito relajarme “un poco”.

El primer sitio está justo al lado de la ventana de mi habitación, verde, acolchado, perfecto para dormitar. Como diría Sheldon, está a la distancia perfecta del teléfono, el ordenador, el baño y la nevera. Si hay más gente en la habitación no siempre puedo estar tranquilo allí (hay tres importantes excepciones a esta norma) así que en esos momentos opto por el segundo sitio.

Lo más especial de este otro sitio es que no es físico, para llegar solo hay que perderse en algún lugar de mi cabeza. Lo mejor es que no necesito moverme de dónde esté para ir, así que puedo recurrir a él en cualquier momento y situación. Nadie sabe lo que en él hay y nada ni nadie puede ocuparlo (pensándolo bien, esto último no es cierto del todo pero lo consideraremos como una verdad a medias).

A pesar de todas sus bondades, tiene un inconveniente: a la más mínima distracción el sitio deja de ser accesible. No puedo perderme en mi cabeza si me “bombardean” a palabras desde el exterior o si la situación requiere que muestre cierto interés en algo o alguien.

La pregunta del día, pronunciada desde el laboratorio en el que de vez en cuando trabajo, es la siguiente: ¿dónde se supone que tengo que ir si el primer sitio está ocupado y el segundo no es accesible?

¡Quién me iba a decir que llegaría el día en el que después de una dura jornada preferiría quedarme en el trabajo en vez de volver a casa!

Hola mundo!

Me acuerdo que en el colegio me enseñaban aquello de que para redactar una noticia había que asegurarse de que en ella se contestasen a las seis preguntas básicas:¿Quiénes?, ¿Qué?, ¿Cuándo?, ¿Dónde?, ¿Por qué? y ¿Cómo?. Para hacerlo fácil y no dejarme nada, en vez de redactar algo voy a contestar directamente.

¿Quiénes? En este caso, quién, y si has llegado aquí es muy posible que ya sepas la respuesta: mi nombre es Sergio y mis iniciales conciden con las del blog y no, no es una coincidencia.

¿Qué? Dicho rápido, voy a escribir un blog.

¿Cuándo? Empiezo hoy y no sé cuando lo dejaré. Esto es como todo, al principio la novedad hará que escriba con cierta regularidad, poco a poco el tiempo entre una actualización y otra se irá alargando hasta que llegue un día en el que, sin saberlo aún, escriba por última vez.

No pretendo hacer actualizaciones periódicas y tampoco voy a publicar porque sí, será algo que haga cuando me apetezca y lo crea conveniente.

¿Dónde? Respuesta obvia: en Internet. Si la pregunta es dónde estoy yo, entonces tengo que decir que ahora mismo estoy de Erasmus en Sabanc? Üniversitesi, Estambul (ver mapa). Como no sé cuándo dejaré de escribir, lo mismo sigo cuando vuelva a Barcelona… ¡o donde sea que vaya después!

¿Por qué? Lo dice el título (y lo explica el subtítulo) del blog, esto será algo así como una salida de emergencia, un sitio donde escribir todo aquello que necesite o quiera explicar en un momento dado.

¿Cómo? Aunque me parece obvio, he dicho que contestaría las seis preguntas así que me siento obligado a decir: tecleando palabras y enlazando a otras páginas.

Eso es todo por ahora, veremos en qué acaba esto!